¡Vampiros!

Es un hecho que la primera década del siglo XXI ha vuelto a poner de moda a los vampiros, pero, en un tono muy acorde con los tiempos, los otrora “señores de las tinieblas” se han domesticado, embellecido, almibarado y rejuvenecido.

Ya en los años 90, la versión cinematográfica de Entrevista con el vampiro (Jordan, 1994) puso en papeles principales a tres guapos como Tom Cruise, Brad Pitt y Antonio Banderas, interpretando a monstruos muy humanos, aunque sin salirse demasiado del arquetipo vampírico heredado del siglo XIX; y unos años antes pudimos ver en Jóvenes ocultos (Schumacher, 1987) a vampiros adolescentes formando un grupo de gente, también guapa, dueña de la noche. Y, por fin, la serie televisiva Buffy cazavampiros (1997-2003), con un antecedente cinematográfico, acabó por meter a los chupasangre en los pasillos de un instituto.

Con estos antecedentes, la ciertamente habilidosa autora norteamericana Stephenie Meyer no tuvo problema a partir de 2005 para meterse en el bolsillo a millones de, primero, lectores y, luego, espectadores de su saga Crepúsculo, a la que, visto el filón, le han nacido docenas de hijos bastardos tanto literarios como cinematográficos.

El resultado de este fenómeno a día de hoy es que la ficción contemporánea dirigida a los jóvenes está llena de vampiros, pero de vampiros metrosexuales, enamoradizos, arrepentidos, casi vegetarianos y, por supuesto, muy poco temibles, en absoluto horribles y, como mito, definitivamente acabados. La muerte probable del mito milenario puede adivinarse en la casi certeza de que a cualquiera de nuestros adolescentes no les dan miedo en absoluto los vampiros, como tendría que ser, ya que de su idiosincrasia vampírica sólo les han dejado los nuevos narradores su inmortalidad y su pertenencia a una élite-secta, y un monstruo que ya no da miedo no es un monstruo: es un peluche.

Para paliar de forma ambulatoria las carencias de nuestros alumnos, reparar la figura del no-muerto y hacer que, en lo posible, vuelva a dar miedo, nos hemos propuesto diseñar e impartir un tema transversal vampírico que, ocasionalmente, ocupará cierta parte de nuestras clases y que, de momento, se ofrece en tres aspectos.

El mito del vampiro a lo largo de la historia: Partiendo de la excelente entrada en la Wikipedia sobre el tema (que estamos leyendo y comentando detenidamente) hemos visto referencia a vampiros sobre todo en el folklore de Europa Oriental, pero también en culturas que van desde la antigua Persia hasta la América Precolombina, pasando por las Islas Británicas o la Grecia clásica.

Los vampiros en la literatura: Leeremos, naturalmente, fragmentos de Drácula, de Bram Stoker, pero también nos detendremos en sus antecedentes, desde ‘el oficial’ hasta el más popular en el siglo XIX; y de ahí abordaremos los siglos XX y XXI, desde Lovecraft hasta Anne Rice, pasando por Stephen King y llegando, claro a Stephenie Meyer.

Los vampiros en el cine: Veremos (a veces en clase) Drácula, de Bram Stoker, Nosferatu (Murnau, 1922), Drácula (Fisher, 1958), El baile de los vampiros, Los viajeros de la noche, El ansia

DEBERES: Como dijimos en clase, los alumnos deben buscar historias de vampiros en la red, literarias, legendarias o folklóricas, en inglés o español, y ponerlas en los comentarios de esta entrada. Si son cortas, pueden copiarlas (indicando su procedencia) y, si son largas, simplemente enlazándolas. Y deben escribir también un breve comentario introductorio.

Puntos extra: Si la historia está escrita en inglés, deberían traducir un fragmento.

Superpuntos extra: Pueden, además, escribir una historia original.

(Esta prueba finaliza el domingo 17 de octubre de 2010)

NOTA: Los alumnos que se han adelantado a esta entrada y han colocado sus comentarios donde mejor les ha parecido deben reenviarlos.

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