Alberti y el poder del vino (y de la palabra)

Ángel de las bodegas

Fue cuando la flor del vino se moría en penumbra
y dijeron que el mar la salvaría del sueño.
Aquel día bajé a tientas a tu alma encalada y húmeda,
y comprobé que un alma oculta frío y escaleras
y que más de una ventana puede abrir con su eco otra voz, si es buena.
Te vi flotar a ti, flor de agonía, flotar sobre tu mismo espíritu.
(Alguien había jurado que el mar te salvaría del sueño.)
Fue cuando comprobé que murallas se quiebran con suspiros
y que hay puertas al mar que se abren con palabras.

En este poema, Rafael Alberti escribe sobre el vino, que tanto conoce (su padre trabajaba para las bodegas del Puerto de Santa María), combinado con el poder de la palabra (usual y actualmente referido como ‘labia’), encomendados ambos a la conquista amorosa. ¿Puede el alumno/la alumna, a partir de lo que el poeta escribe (eso de arriba), explicar qué pasó, justificando siempre sus hallazgos con las palabras (y sólo con ellas) del poema?