‘Antología de la literatura fantástica’ II

Los dos relatos de esta semana son:

JOSÉ BIANCO. Sombras suele vestir
ADOLFO BIOY CASARES. El calamar opta por su tinta

Se trata de dos cuentos radicalmente distintos (si acaso sólo parejos por su pertenencia al género fantástico). En el primero, muy extenso, contemplamos de la mano de José Blanco la mortecina, ensimismada y casi miserable existencia de la familia Vélez. Focalizado el relato en Jacinta, leemos cómo ésta se afana en sostener a su familia llegando a prostituirse y cómo, en un determinado momento, ella misma (o una parte de ella) urde una ingeniosa estratagema para asegurar el futuro de Raúl, su hermano autista.

En el segundo, precisamente de uno de los antólogos, Bioy Casares, tenemos noticia – a través de la voz en primera persona de un joven maestro en un pueblo de provincia argentino- de cierto suceso que hubiera sido fundamental en la existencia de toda la raza humana de no haber concurrido ciertas circunstancias.

Preguntas: (de ‘Sombras suele vestir’) ¿Pueden indicar el carácter de los personajes principales del relato -Jacinta, su madre, su hermano Raúl, doña Carmen y los señores Stocker y Sweitzer- y resolver en qué manera esas características son determinantes en los hechos narrados? ¿Pueden explicar qué importancia tiene el siguiente fragmento y por qué Jacinta recuerda el cuadro de Carpaccio (clic para agrandar)

Y, sin embargo, los reconocía. Ahí estaba ese extravagante mueble barroco (los dos mazos de naipes sobre el tafilete amarillento) que terminaba en una repisa con un espejo incrustado. Ahí estaban las medicinas de su madre, un frasco de digital, un vaso, una jarra con agua. Y ahí estaba ella en el espejo, con su cara de planos vacilantes, sus rasgos inocentes y finos. Todavía joven. Pero los ojos, de un gris indeciso, habían envejecido antes que el resto de su persona. “Tengo ojos de muerta”. Pensó en los ojos de su madre, guarecidos bajo una doble cortina de párpados venosos, en los de Raúl. “No; son miradas distintas, no tienen nada en común con la mía.” Había en sus ojos el orgullo de los que son señores y dueños de su propio rostro, pero ya la estrofa final asomaba en ellos: azucenas que se pudren, una especie de clarividencia inútil que se complace en su falta de aplicación. Le traían reminiscencias de otras personas, de alguien, de algo. ¿Dónde había visto una mirada igual? Durante un segundo su memoria giró en el vacío. En un cuadro, tal vez. El vacío se fue llenando, adquirió tonalidades azules, rosadas. Jacinta apartó los ojos del espejo y vio abrirse ante ella un balcón sobre un fondo nocturno, vio ánforas, perros extáticos, más animales: un pavo real, palomas blancas y grises. Era Las dos cortesanas, del Carpaccio.

Y por último: ¿qué es al fin lo que hace Jacinta por su hermano y qué partes de todo el relato nos habrían hecho sospechar (antes de que nos lo descubra Blanco) que la chica está en una “situación especial”?

(de ‘El calamar opta por su tinta’) ¿Pueden explicar o interpretar el título? ¿Qué harían ustedes si se vieran en una situación parecida a la de Juan Camargo? ¿Por qué creen que Bioy Casares opta por contarlo todo ‘desde fuera’ y ‘a través del maestro’?

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