‘Antología de la literatura fantástica’ VII

Los relatos de esta entrega son:

VILLIERS DE L´ISLE ADAM.La Esperanza
LEOPOLDO LUGONES. Los caballos de Abdera
GUY DE MAUPASSANT. ¿Quién sabe?
EDWIN MORGAN. La sombra de las jugadas
H. A. MURENA. El gato
CHIAO NIU. Historia de Zorros
SILVINA OCAMPO. La expiación

Comenzamos con L’Isle Adam y una de sus obsesiones, la Iglesia Católica; en concreto, esta vez, la Inquisición, presentada cumpliendo con el mito/receta galo-romántico de fanatismo y sadismo sin límites que el autor recoge de sus mayores y tuvo –y tiene- larga vida en la cultura popular. Leopoldo Lugones parece querer emular (u homenajear) al Heródoto de las Historias con un relato que también nos recuerda a los houyhnhnms de Swift y que termina con una desgraciada (para los caballos y la historia) intervención de un deus ex machina. Guy de Maupassant (que desde luego tiene relatos mucho mejores) aparece con una (por supuesto) extraña historia de muebles a la fuga en la que el lector no va a ver resueltas muchas de las preguntas que naturalmente se hará. Edwin Morgan nos trae un microrrelato cuyo argumento ya hemos leído, acerca de cómo pequeños gestos tienen inevitables reflejos en actos trascendentes. El relato de Murena es posiblemente el mejor de la serie de esta semana, porque, sea cualquiera la causa que el lector busque a lo que le pasa al protagonista –la venganza, la posesión gatuna, la pura desidia llevada al extremo-, el hermetismo del relato puede ofrecerla. El cuento de Chiao Niu acerca de unos inquietantes hombres-zorro nos hace pensar en cuán distinta es la tradición paralela europea. Finalmente, La expiación de Silvina Ocampo nos parece una historia bien tramada, pero desmesurada y extravagante en su resolución.

A estas alturas los alumnos ya sabrán que hacer con las frases o palabras que aparecen marcadas en rojo.

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‘Antología de la literatura fantástica’ VI

La ración de esta semana la integran los siguientes relatos:

FRANZ KAFKA. Josefina la cantora o El pueblo de los ratones
Franz KAFKA. Ante la ley
RUDYARD KIPLING. “El cuento más hermoso del mundo”
LAS 1.001 NOCHES. Historia de Abdula, el mendigo ciego
LIEHTSÉ. El ciervo escondido

Tenemos para empezar dos muy buenos ejemplos de los mundos y las maneras de Franz Kafka: en Josefina la cantora asistimos –casi al borde de nuestra paciencia de lectores- a cómo entiende el autor qué es una fábula, trasladando al ámbito de los roedores la figura de una prima donna, con su genio, sus caprichos, sus fans y una aguda –e irónica- reflexión acerca de los conceptos del arte y la excelencia. En Ante la ley se toparán los alumnos con un ejemplo de primera mano de “situación kafkiana, con una representación muy gráfica (y terrible) de la burocracia, con puerta impenetrable y gorila inmisericorde.

Con El cuento más hermoso del mundo Kipling nos reconcilia con el relato fantástico (por si estábamos teniendo algunas diferencias con el género) a través de la fascinación innegociable que surge del asunto de la reencarnación como forma de vida eterna y del don (inconsciente) que posee un aspirante a escritor para rememorar sus otras vidas.

Finalmente, dos muestras de manual del relato oriental. El primero, Historia de Abdula, el mendigo ciego, es una historia similar a alguna que ya hemos leído y donde la avaricia, en creciente espiral, acaba dejando al protagonista mucho peor de lo que estaba al comienzo del cuento. El último, del Oriente más lejano, coloca a sus protagonistas en la inevitable paradoja que surge cuando se iguala el valor de lo que se vive y lo que se sueña.

Los alumnos, como otras veces, deben comentar las palabras y frases que aparecen en rojo.

Bram Stoker: ‘Cuaderno de bitácora de la Deméter’ (‘Drácula’, 1897)

Uno de los pasajes más logrados y recordados (y que parece que va a tener su película) de la magnífica novela de Stoker es el que recoge el diario del capitán de la Demeter, el barco que Drácula utiliza para viajar a Inglaterra desde Rumanía.

3 de agosto. A medianoche fui a relevar al hombre en el timón y cuando llegué no encontré a nadie ahí. El viento era firme, y como navegamos hacia donde nos lleve, no había ningún movimiento. No me atreví a dejar solo el timón, por lo que le grité al oficial. Después de unos segundos subió corriendo a cubierta en sus franelas. Traía los ojos desorbitados y el rostro macilento, por lo que temo mucho que haya perdido la razón. Se acercó a mí y me susurró con voz ronca, colocando su boca cerca de mi oído, como si temiese que el mismo aire escuchara: “Está aquí; ahora lo sé. Al hacer guardia anoche lo vi, un hombre alto y delgado y sepulcralmente pálido. Estaba cerca de la proa, mirando hacia afuera. Me acerqué a él a rastras y le hundí mi cuchillo; pero éste lo atravesó, vacío como el aire.”

Los alumnos deben leer el pasaje completo (pdf aquí) y contestar a las siguientes cuestiones: ¿Qué elementos, tanto de la historia (‘lo que se cuenta’) como de la narración (‘como se cuenta’) son determinantes para hacer de este fragmento algo terrorífico? ¿Pueden poner ejemplos del texto? ¿ Pueden citar otros relatos -literarios o no- donde aparezca la misma situación de la Deméter?

El vídeo que sigue es una escena de Nosferatu (1922) de F.W. Murnau, película que, por cierto, puede verse on line aquí.

Alberti y el poder del vino (y de la palabra)

Ángel de las bodegas

Fue cuando la flor del vino se moría en penumbra
y dijeron que el mar la salvaría del sueño.
Aquel día bajé a tientas a tu alma encalada y húmeda,
y comprobé que un alma oculta frío y escaleras
y que más de una ventana puede abrir con su eco otra voz, si es buena.
Te vi flotar a ti, flor de agonía, flotar sobre tu mismo espíritu.
(Alguien había jurado que el mar te salvaría del sueño.)
Fue cuando comprobé que murallas se quiebran con suspiros
y que hay puertas al mar que se abren con palabras.

En este poema, Rafael Alberti escribe sobre el vino, que tanto conoce (su padre trabajaba para las bodegas del Puerto de Santa María), combinado con el poder de la palabra (usual y actualmente referido como ‘labia’), encomendados ambos a la conquista amorosa. ¿Puede el alumno/la alumna, a partir de lo que el poeta escribe (eso de arriba), explicar qué pasó, justificando siempre sus hallazgos con las palabras (y sólo con ellas) del poema?

‘Antología de la literatura fantástica’ V

En esta ocasión nos enfrentamos a:

MACEDONIO FERNÁNDEZ. Tantalia
JAMES GEORGE FRAZER. Vivir para siempre
GEORGE LORING FROST. Un creyente
ELENA GARRO. Un hogar sólido
GILES. El negador de milagros
RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA. Peor que el infierno
RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA. La sangre en el jardín
HOLLOWAY HORN. Los ganadores de mañana
I. A. IRELAND. Final para un cuento fantástico
W. W. JACOBS. La pata de mono
JAMES JOYCE. Definición del fantasma
JAMES JOYCE. May Goulding
DON JUAN MANUEL. El brujo postergado

que, como va siendo ya habitual, parece mucho más de lo que realmente es.

Entre los relatos extensos tenemos en primer lugar Tantalia, una casi-alegoría irónica y filosófica sobre la vida en pareja y una cierta tendencia enfermiza hacia la simbología, cuya clave probablemente podrán desentrañar los alumnos si atienden al mito de Tántalo. Más accesible les habrá parecido sin duda la pieza Un hogar sólido, construida con una extraña mezcla de sátira social, humor negro y prosa poética (o “teatro poético” en este caso), en la que obtenemos una insólita visión de un panteón familiar. Luego vienen dos piezas magistrales (y con muchas similitudes) del género fantástico: en Los ganadores del mañana un buscavidas recibe un regalo tan inesperado como envenenado y en La pata de mono una familia no puede resistir la tentación de pedir “los tres deseos” a pesar de que se les advierte de que su cumplimiento les traería la calamidad.

Entre los relatos breves encontramos las espeluznantes diez líneas de  Vivir para siempre, las geniales seis de El negador de milagros (que parece un retrato, pero al revés, de todos cuantos se empeñan en negar la realidad aun teniéndola delante de las narices, y que se parece bastante en su ironía a Un creyente), los fragmentos, casi testimoniales, de Joyce (le falta una muy buena y muy hispana definición de ‘fantasma’: 5ª acepción del DRAE) y los dos relatos de Gómez de la Serna (estupenda la visión del Purgatorio como un Infierno Peor que el Infierno).

Hemos dejado para el final los relatos de dos trampas, una sólo evocada en Final para un cuento fantástico y otra magistralmente narrada (tanto que también atrapa al lector) por el Infante Don Juan Manuel en El brujo postergado.

Deben, como la vez anterior, comentar y negar o suscribir razonadamente las palabras de su profesor que están marcadas en rojo.

Los dos ‘mañanas’ de Antonio Machado

Lean el siguiente poema.

La España de charanga y pandereta,
cerrado y sacristía,
devota de Frascuelo y de María,
de espíritu burlón y de alma quieta,
ha de tener su mármol y su día,
su infalible mañana y su poeta. 

El vano ayer engendrará un mañana
vacío y ¡por ventura! pasajero.
Será un joven lechuzo y tarambana,
un sayón con hechuras de bolero;
a la moda de Francia realista,
un poco al uso de París pagano,
y al estilo de España especialista
en el vicio al alcance de la mano.

Esa España inferior que ora y bosteza,
vieja y tahúr, zaragatera y triste;
esa España inferior que ora y embiste
cuando se digna usar de la cabeza,
aún tendrá luengo parto de varones
amantes de sagradas tradiciones
y de sagradas formas y maneras;
florecerán las barbas apostólicas
y otras calvas en otras calaveras
brillarán, venerables y católicas.

El vano ayer engendrará un mañana
vacío y ¡por ventura! pasajero,
la sombra de un lechuzo tarambana,
de un sayón con hechuras de bolero,
el vacuo ayer dará un mañana huero. 

Como la náusea de un borracho ahito
de vino malo, un rojo sol corona
de heces turbias las cumbres de granito;
hay un mañana estomagante escrito
en la tarde pragmática y dulzona.

Mas otra España nace,
la España del cincel y de la maza,
con esa eterna juventud que se hace
del pasado macizo de la raza.

Una España implacable y redentora,
España que alborea
con un hacha en la mano vengadora,
España de la rabia y de la idea

(Advertencia previa: Si no entienden el significado, entre otras, de las palabras y expresiones  marcadas en verde y no hacen nada por entenderlo, mejor no continúen con el ejercicio)

Preguntas: Machado plantea la existencia de dos futuros: el primero, inmediato, fruto del presente, parece poco esperanzador; el segundo, hijo del “pasado macizo de la raza”, ya le parece otra cosa. ¿Pueden localizar en el texto las referencias a esos dos futuros y señalar con qué expresiones los califica? ¿Cuáles son, según Machado, los defectos de la España del presente? ¿Tiene ese espíritu crítico algo que ver con la llamada Generación del 98? ¿Y podrían, finalmente, atreverse a explicar cómo -siempre según Machado- los “varones amantes de sagradas tradiciones” no son la misma cosa (y aun la contrapuesta) de la “eterna juventud que se hace del pasado macizo de la raza”?

Benito Pérez Galdós: Fragmento de ‘Fortunata y Jacinta’

Lean el siguiente fragmento:

Iba Jacinta tan pensativa, que la bulla de la calle de Toledo no la distrajo de atención que a su propio interior prestaba. Los puestos a medio armar en toda la acera desde los portales a San Isidro, las baratijas, las panderetas, la loza ordinaria, las puntillas, el cobre de Alcaraz y los veinte mil cachivaches que aparecían dentro de aquellos nichos de mal clavadas tablas y de lienzos peor dispuestos, pasaban ante su vista sin determinar una apreciación exacta de lo que eran. Recibía tan sólo la imagen borrosa de los objetos diversos que iban pasando, y lo así porque era como si ella estuviese parada y la pintoresca vía se corriese delante de ella como un telón. En aquel telón había racimos de dátiles colgados de una percha, puntillas blancas que caían de un palo largo, en ondas, como los vástagos de una trepadora; pelmazos de higos pasados en bloques; turrón en trozos como sillares, que parecían acabados de traer de una cantera, aceitunas en barriles rezumados; una mujer puesta sobre una silla y delante de una jaula, mostrando dos pajarillos amaestrados. Y luego, montones de oro, naranjas de seretas y hacinadas en el arroyo. El suelo, intransitable, ponía obstáculos sin fin, pilas de cantaros y vasijas ante los pies del gentío presuroso, y la vibración de los adoquines al paso de los carros parece haber bailar a personas y cacharros.  Hombres con sartas de pañuelos  de diferentes colores se ponían delante del transeúnte como si fueran a capearlo. Mujeres  chillonas taladraban el oído con pregones enfáticos acosando al público y poniéndole en la alternativa de comprar o morir. Jacinta veía las piezas de tela desenvueltas en ondas a lo largo de todas las paredes, percales azules, rojos y verdes, tendidos de puerta en puerta, y su mareada vista le exageraba las curvas de aquellas rúbricas de trapo. De ellas colgaban, prendidas con alfileres, toquillas de los colores vivos y elementales que agradan a los salvajes. En algunos huecos brillaba el anaranjado, que chilla como los ejes sin grasa;  el bermellón nativo, que parece rasguñar los ojos;  el carmín, que tiene la acidez del vinagre; el cobalto, que infunde ideas de envenenamiento; el verde de panza de lagarto, y ese amarillo tila que tiene cierto aire de poesía mezclado con la tisis, como en la Traviatta. Las bocas de las tiendas, abiertas entre tanto colgajo, dejaban ver el interior de ellas tan abigarrado como la parte externa; los horteras, de bruces sobre el mostrador, o vareando telas, o charlando. Algunos braceaban, como si nadasen en un mar de pañuelos. El sentimiento pintoresco de aquellos tenderos se revela en todo. Si hay una columna en la tienda la revisten de corsés encarnados, negros y blancos, y con los refajos hacen graciosas combinaciones decorativas. (…)

Preguntas: Identificación del texto (autor y obra en 50 palabras).  Tema y resumen del texto (en otras 50 palabras). ¿Es el fragmento un buen ejemplo de prosa realista? ¿Por qué? ¿Qué conocido mercado madrileño describe Galdós? ¿Por qué la Traviatta tiene cierto aire de poesía mezclado con la tisis?

‘Antología de la literatura fantástica’ III

Los relatos de esta semana son:

LÉON BLOY. ¿Quién es el Rey?
LÉON BLOY. Los goces de este mundo
LÉON BLOY. Los cautivos de Longjumeau
JORGE LUIS BORGES. Tlön, Uqbar, Orbis Tertius
JORGE LUIS BORGES Y DELIA INGENIEROS. Odín
MARTÍN BUBER. El descuido
RICHARD F. BURTON. La obra y el poeta

Con excepción del primer cuento, donde se ofrece una interesante paradoja fruto del relativismo, León Bloy nos muestra dos visiones del infierno. En la primera, apenas esbozada, el averno sería ‘un mundo al revés’ donde los gozos de este lado del espejo serían allí tormentos (y no hace falta que diga que los tormentos lo seguirían siendo a ambos lados del cristal: hablamos del abismo eterno). En la segunda, casi la narración de alguna pesadilla que casi todos hemos padecido, dos enamorados sufren la condenación de no poder de ninguna forma abandonar un pueblo: Longjumeau.

Pregunta: ¿Cómo imaginan el Infierno, es decir, se atreven a describir qué es lo que más temerían sufrir eternamente?

De lo que hace Borges en ‘Tlön, Uqbar, Orbis Tertius’ puede muy bien decirse que es una descripción tambien infernal, al menos para nuestra lógica, pues describe un mundo imaginario tan apartado de lo que comúnmente puede concebirse que, francamente, abruma.

Pregunta: ¿Pueden indicar tres cosas de Tlön completamente distintas a las de nuestro mundo y pueden evitar repetir lo que hayan ido diciendo sus compañeros al contestar?

El segundo cuento de Borges, ‘Odín’, es otra paradoja, esta vez muy enigmática, pues parece que se nos niegan las motivaciones del ‘hombre viejo’ ¿o no?

Pregunta: ¿Pueden mirar aquí a ver si encuentran o imaginan esas motivaciones?

Por último, nuestra ración de esta semana se cierra con dos mini-relatos, uno de Buber, otro de Burton –no se pierdan su biografía-, de los que voy a decir que son tan parecidos como diferentes.

Pregunta: ¿En qué se parecen y en qué se diferencian los poderes del rabino de Buber y el poeta de Burton?

‘Antología de la literatura fantástica’ II

Los dos relatos de esta semana son:

JOSÉ BIANCO. Sombras suele vestir
ADOLFO BIOY CASARES. El calamar opta por su tinta

Se trata de dos cuentos radicalmente distintos (si acaso sólo parejos por su pertenencia al género fantástico). En el primero, muy extenso, contemplamos de la mano de José Blanco la mortecina, ensimismada y casi miserable existencia de la familia Vélez. Focalizado el relato en Jacinta, leemos cómo ésta se afana en sostener a su familia llegando a prostituirse y cómo, en un determinado momento, ella misma (o una parte de ella) urde una ingeniosa estratagema para asegurar el futuro de Raúl, su hermano autista.

En el segundo, precisamente de uno de los antólogos, Bioy Casares, tenemos noticia – a través de la voz en primera persona de un joven maestro en un pueblo de provincia argentino- de cierto suceso que hubiera sido fundamental en la existencia de toda la raza humana de no haber concurrido ciertas circunstancias.

Preguntas: (de ‘Sombras suele vestir’) ¿Pueden indicar el carácter de los personajes principales del relato -Jacinta, su madre, su hermano Raúl, doña Carmen y los señores Stocker y Sweitzer- y resolver en qué manera esas características son determinantes en los hechos narrados? ¿Pueden explicar qué importancia tiene el siguiente fragmento y por qué Jacinta recuerda el cuadro de Carpaccio (clic para agrandar)

Y, sin embargo, los reconocía. Ahí estaba ese extravagante mueble barroco (los dos mazos de naipes sobre el tafilete amarillento) que terminaba en una repisa con un espejo incrustado. Ahí estaban las medicinas de su madre, un frasco de digital, un vaso, una jarra con agua. Y ahí estaba ella en el espejo, con su cara de planos vacilantes, sus rasgos inocentes y finos. Todavía joven. Pero los ojos, de un gris indeciso, habían envejecido antes que el resto de su persona. “Tengo ojos de muerta”. Pensó en los ojos de su madre, guarecidos bajo una doble cortina de párpados venosos, en los de Raúl. “No; son miradas distintas, no tienen nada en común con la mía.” Había en sus ojos el orgullo de los que son señores y dueños de su propio rostro, pero ya la estrofa final asomaba en ellos: azucenas que se pudren, una especie de clarividencia inútil que se complace en su falta de aplicación. Le traían reminiscencias de otras personas, de alguien, de algo. ¿Dónde había visto una mirada igual? Durante un segundo su memoria giró en el vacío. En un cuadro, tal vez. El vacío se fue llenando, adquirió tonalidades azules, rosadas. Jacinta apartó los ojos del espejo y vio abrirse ante ella un balcón sobre un fondo nocturno, vio ánforas, perros extáticos, más animales: un pavo real, palomas blancas y grises. Era Las dos cortesanas, del Carpaccio.

Y por último: ¿qué es al fin lo que hace Jacinta por su hermano y qué partes de todo el relato nos habrían hecho sospechar (antes de que nos lo descubra Blanco) que la chica está en una “situación especial”?

(de ‘El calamar opta por su tinta’) ¿Pueden explicar o interpretar el título? ¿Qué harían ustedes si se vieran en una situación parecida a la de Juan Camargo? ¿Por qué creen que Bioy Casares opta por contarlo todo ‘desde fuera’ y ‘a través del maestro’?

‘Antología de la literatura fantástica’ I

En este trimestre vamos a dedicarnos a la lectura y, al mismo tiempo que cumplimos con nuestra obligación de atender ‘Cañas y barro’ y ‘Como agua para chocolate’, nos emplearemos además con la excelente ‘Antología’ de Borges, Bioy Casares y Ocampo.

Los relatos de esta semana son los cuatro primeros del libro:

RYNOSUKE AGUTAGAWA. Sennin
AH´MED ECH CHIRUANI. Los ojos culpables
THOMAS BAILEY ALDRICH. Sola y su alma
JOHN AUBREY. En forma de canasta
MAX BEERBOHM. Enoch Soames

El primero -excelente y divertido- ya lo leímos y comentamos en clase. Los de Aldrich y Aubrey son dos microrrelatos avant la lettre y el mejor homenaje que podemos hacerle a la brutal belleza del de Chiruani es reproducirlo:

LOS OJOS CULPABLES

Cuentan que un hombre compró a una muchacha por cuatro mil denarios. Un día la miró y echó a llorar. La muchacha le preguntó por qué lloraba; él respondió: “Tienes tan bellos ojos que me olvido de adorar a Dios.”

Cuando quedó sola, la muchacha se arrancó los ojos. Al verla en ese estado el hombre se afligió y le dijo: “¿Por qué te has maltratado así? Has disminuido tu valor.” Ella le respondió: “No quiero que haya nada en mí que te aparte de adorar a Dios.” A la noche, el hombre oyó en sueños una voz que le decía: “La muchacha disminuyó su valor para ti, pero lo aumentó para nosotros y te la hemos tomado.” Al despertar, encontró cuatro mil denarios bajo la almohada. La muchacha estaba muerta.

Pero el plato fuerte de esta ‘dosis’ es, sin duda ‘Enoch Soames’, de Beerbohm, un cuento formado por dos partes tan distintas como complementarias: en la primera, casi estática, el autor caracteriza con ironía feroz a Soames, un pobre hombre que cree ser un genio en una época que permitía y alentaba estas contradicciones; en la segunda, más dinámica, el encuentro con cierta Potencia Sobrenatual envía el relato directamente a otra dimensión, tocando dos tópicos del género fantástico e introduciendo de forma magistral la metaliteratura.

Las preguntas: ¿Pueden delimitar en el relato las “dos partes” a que nos referimos? ¿Cómo caracteriza Beerbohm a esa Potencia Sobrenatural? ¿A qué dos tópicos del género fantástico nos referimos?

Y por último ¿qué significan estos pasajes del relato?

No es compasión, sin embargo, lo que me impulsa escribir sobre él. Por su bien, pobre amigo, preferiría guardar silencio. No hay que burlarse de los muertos. ¿Y cómo escribir sobre Enoch Soames sin ponerlo en ridículo? Más bien ¿cómo ocultar el hecho nefasto de que era un ser ridículo? No seré capaz de hacer eso. Tarde o temprano, sin embargo, tendré que escribir sobre él. Ustedes verán, a su debido tiempo, que no me queda otra alternativa. Tanto da que ahora lo haga. (…)

En ese párrafo del repugnante libro de Nupton, hay un problema. ¿Cómo explicarse que el autor, aunque he mencionado su nombre y he citado las palabras precisas que va a escribir, no advierte que no he inventado nada? Sólo hay una respuesta: Nupton no habrá leído las últimas páginas de este informe. (…)

El hecho de que la gente no le quite la vista y que lo siga y que parezca temerlo, sólo puede aceptarse mediante la hipótesis de que están esperando, de algún modo, su visita espectral. Estarán esperando con horror si realmente viene. Y cuando venga, el efecto será horrible. (…)

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