Microcuentos: El concurso (III)

Como consecuencia lógica de nuestro trabajo con los microcuentos, hemos convocado entre los alumnos un concurso literario. Ésta es la tercera entrega: voten abajo o hagan comentarios.

(NOTA: No se ha efectuado ninguna corrección de ningún tipo sobre los originales recibidos)

Una mañana, los pájaros no cantaban a causa de la lluvia, mi tía, como una rutinaria mañana, llegó a mi casa para llevarme al infierno del instituto, cuando bajábamos por el ascensor, charlamos sobre el día que estaba haciendo hasta llegar al garage y coger el coche, la sorpresa que nos llevamos, fue que el vehículo con el que me iba a llevar allí no estaba y rápidamente salí andando de mi casa para llegar lo antes posible a la clase de matématicas.

(Armando Romeo Sánchez)

El abrigo

Caminaba despacio, miraba a mi alrededor, ellos me embriagaban, me acariciaban, me hacían sentir bien; algunos me atraían más que otros, pero aquél era indudablemente el mejor. Me acerqué, le toqué: era agradable; dejé que mis dedos le acariciaran, palpé su forma, sentí su calor, su suavidad, lo sostuve entre mis manos, sentí el cosquilleo de sus pelos acariciando mi piel. Supe que era único, especial, que era para mí. Lo estreche contra mi cuerpo y deslicé mis manos hacia abajo, entonces, me topé en un extremo con un papel 5.000€, mis ilusiones desaparecieron, volví a la realidad y lo dejé en su sitio, no era para mí… sería para otra.

(Ana Lozano Yedro)

La sociedad desde el pesimismo.

Era un chico diferente, de otra sociedad, otro mundo, otro planeta.
Le llegaban fantásticas noticias del planeta Tierra. Todos la envidiaban, aquellos humanos, siempre considerándose perfectos.
Nunca había dudado en viajar allí, así que lo hizo. Pareciendo un chico más se sumergió entre la mulitud, observando cada detalle, intentando enontrar la perfección para poder admirarla.
El chico nunca desesperaba, pues eso era cosa humana, así que siguió buscando, pero por más que buscó, no encontró la perfección de la que tanto presumían.
Veía a la gente, con prisa, de un lado para otro, sin saludarse, sin mirarse, ahogándose en su propia soledad.
Encontró el egoísmo, la envidia, la mentira…
Vio como la gente no disfrutaba de su tiempo, de la vida que con cualquier rafagada de aire se marcharía, como un terremoto imprevisto. Vio como soñaban, y también vio como muy pocos luchaban por su sueños. Vio como muchoas hablaban, planeban, pero también vio como muy pocos llevaban a cabo dichos planes.
El chico, que acostumbraba a vivir en una sociedad tranquila, amable y honesta. se dio cuenta de que una vez que viajase a la Tierra no había ningún medio para volver, así que, contagiado por el estrés humano, decidió que prefería morir antes de vivir en el infierno acaramelado, que por muy acaramelado que fuese siemrpe sería un infierno desde su punto de vista.
Y así fue, el chico se quitó la vida dejando que la sociedad humana siguiese hundiéndose hasta desaparecer.

(Alicia Martín Tejeda)

Otro fin de semana intentando decirle, preparando ese viaje, ese momento mágico. Sentada en el mismo banco blanco de siempre al final de la parada de tren, esperando el momento en el que él se dignase a aparecer, sentí derrumbarse todo de repente, él una vez más no aparecería y todo aquello se quedaría en un intento más de engañarme, de intentar convencerme a mí misma de que algún día  nuestros caminos se cruzarán.

(Pilar Aparicio Gallardo)

Una suave melodía sonaba a lo lejos, pero no duro mucho, apenas cinco minutos, pero el sonido de un radio, hizo que me despertara sobresaltada, todo fue rápido, extraño. Me vestí atropelladamente sin ni siquiera mirarme en el espejo, cogí una de las tostadas recién hechas y me fui corriendo. El día estaba tormentoso, el asfalto mojado, y un maldito coche mojo mi estupendo vestuario, enfadada, descubrí que había llegado al cruce donde toda las mañanas ese maldito semáforo me pilla en rojo. Por fin llegue a clase, pero el profesor, como todos los días, me quedo en jodido pasillo.

(Marta Tapia Tapia)

Una noche de invierno , salió un hombre de copas y al principio todo muy bién , pero conforme iba pasando el tiempo se empezó a descontrolar.

Cuando llegó la hora de irse a casa no podía coger el coche , entonces se fue andando ; y como no veía casi nada , se empezó a cocar contra todo y más tarde no encontraba las llaves y durmió en la calle .

(Ana Natalia López Calderón)

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