Autómatas

En la entrada anterior se nos olvidó decir que en El Hombre de Arena, además, aparece un autómata (bueno, “una”; de la que, además, se enamora el protagonista). Y, si consultamos la entrada de la Wikipedia referente a “autómata”, nos llevaremos varias sorpresas, como que las estatuas de los antiguos dioses de Egipto movían sus articulaciones, que en el Toledo del Renacimiento había en la calle un “hombre de palo” o que en el siglo XVIII Pierre Jaquet-Droz construyó autómatas capaces de escribir, dibujar o tocar el piano. Probablemente fueron estos últimos los que inspiraron a Hoffmann.

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